Delfina Pignatiello se consagró hace casi un año con dos oros y una plata en el Mundial Juvenil de natación. En esta entrevista con Clarín, la joven de 18 años cuenta cómo maduró la publicidad que tuvo y cómo se debió a empezar a cuidar en las redes sociales.

-¿En cuántos lugares te gustaría estar antes que acá?

-En mi cama, viendo Netflix.

La frescura y la sinceridad que acompañan la sonrisa que se dibuja en su rostro ante esa primera pregunta son marcas tan propias de Delfina Pignatiello como sus registros en la pileta. No tiene filtros, como buena adolescente. Sí una simpatía natural, pese a que -como acaba de dejar claro- en una tarde fría y lluviosa como la del día de la entrevista, bien podría tener su peor semblante. Pero no.

Su vida ya no fue cualquier vida desde que en agosto de 2017 se consagró en Indianápolis bicampeona mundial juvenil en los 800 y 1.500 metros libre.

Este año, una de las cuatro mujeres menores de 18 años que en la historia nadaron los 1.500 metros en menos de 16 minutos sabe que tiene todas las miradas puestas en ella. Es que será una de las principales atracciones de los Juegos Olímpicos de la Juventud que organizará la Ciudad de Buenos Aires. El emblema de la delegación local. 

Aunque ella asumirá que no, se percibe mucha madurez en esta nueva figura del deporte argentino, lo que habla muy bien tanto de ella como de quienes la rodean. La nadadora, al cabo, tiene apenas 18 años y se está encontrando con todo lo bueno pero también lo malo de ser un personaje público que cada día cobra mayor notoriedad.

La muestra se ve en su presentación como atleta de Under Armour. Están las dos caras de la moneda: la del apoyo de un patrocinador y todos los beneficios que eso implica y la de los compromisos mediáticos. Será momento, entonces, de volver a sumergirse en las aguas de la charla.

-¿Estás viendo alguna serie en particular?

-Ahora estoy viendo “The Originals”, pero ya estoy buscando alguna otra para engancharme.

-¿Sos de ver más contenidos por esas plataformas que por la tele?

-Sí, ni hablar. Hace muchísimo que no veo tele. Vivo en Netflix. Me gustan las series bien de adolescentes, no las de crímenes ni esas cosas.

-¿Y música? ¿Qué escuchás?

​-Antes de entrenarme o competir, escucho electrónica. El top 40 de las canciones de iTunes en Estados Unidos. Pero no hay un género en especial.

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-¿Cómo llevás esta exposición pública que de a poco ha ido en aumento?

-Al principio hacía muchas más notas y me dejaba llevar, pero después me di cuenta de que eso me estaba ocupando demasiado tiempo. Entonces empecé a manejarlo con más cuidado, porque sé que tengo que hablar con los medios pero no puedo descuidar mis momentos de descanso.

-Muchos deportistas utilizan el teléfono para publicar cosas en las redes sociales incluso durante competencias, pero vos muchas veces dejás de usarlo. ¿Por qué?

-Porque te puede llevar a desconcentrarte, no sólo perdiendo tiempo sino también por leer cosas y prestarle demasiada atención a lo que se dice. Como en cualquier momento podés encontrarte con algo que te haga mal, entonces mejor utilizarlo lo menos posible.

-¿Cuesta dejarlo a un lado? ¿Usás mucho el celu?

-Sí, bastante. No sólo por gusto, eh; también por todo esto que me está pasando. Tengo compromisos con sponsors y entonces tengo que estar en contacto con ellos. Pero suelo usar Instagram, Twitter, WhatsApp… De todas, Instagram es mi favorita.

-¿Sos o eras de mirar mucho cuántos “likes” o interacciones con tus seguidores tenías?

-Antes le prestaba mucha más atención. Ahora le doy más bola por el tema de los sponsoreos, pero lo otro ya no me cambia mucho.

-¿Cómo te pegó, en el momento en que le dabas mucha bola a eso o pensabas “a ver cuánta gente me sigue”, que de repente tu “público” aumentara en gran número?

-Es raro. Llega un punto en que ya no controlás quién te “likea” o quien no, porque son muchas personas y no podés verlos o leerlos a todos. Ahora subo algunas fotos y muchas veces lo hago por mis compromisos con los patrocinantes, pero ya no miro más cuántos “likes” o comentarios tienen.

 

-¿Te chocó en algún momento esa “explosión mediática”, por llamarla de algún modo?

-Sí, creo que después del Mundial, cuando en una semana me aumentaron como 4.000 seguidores de la nada. Ahí sí fue chocante. Al principio era buenísimo, pero después caía en que personas que no conocía, algunas medio grandes, me mandaban algunos mensajes por privado que medio que no daban. Y ahí me asusté un poco y bloqueé algunas cuentas. Pero más allá de eso, tengo claro que es lo normal para una figura pública.

-¿Es raro que a tus 18 años te pongan en el lugar de “referente” para otros chicos?

-Trato de no pensar en eso, porque últimamente me estuvo jugando en contra que gente de mi edad me estuviera mirando o que chicos más chicos me tomen como ejemplo. Yo también tengo mis errores, estoy aprendiendo, soy re chiquita. Entonces trato de no pensar mucho en eso, sino en pensar que soy una más y que todo lo que ya logré, pasó. Que tengo muchos objetivos por cumplir y que todavía me tengo que seguir formando como atleta.

-¿En qué sentido te jugó en contra?

-A veces quiero tener mi tranquilidad o mis momentos de enojo y los tengo que controlar. O tengo que tener cuidado de cualquier reacción por si alguien me mira, por si están pendientes de lo que estoy haciendo. Entonces no me gusta. Pero sé que es lo que viene con el haber ganado y haber sido destacada en algún momento.

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-Muchos deportistas dicen que lo suyo es lo que pasa dentro de la cancha, o de la pileta en tu caso, pero que fuera de esos ámbitos no deben ser tomados como ejemplo de nada. ¿Para vos existe esa responsabilidad? ¿La sentís?

-Sí, la verdad que siento bastante responsabilidad. Quizás antes no me pasaba, pero ahora sí siento que eso está mucho más presente.

-¿Y cómo lo tomás? ¿Te molesta?

-Y… Un poco me molesta, sí. Yo soy muy demostrativa, tengo muchos cambios de humor y hay veces que los enojos no los puedo controlar, pero me los tengo que guardar para cuando estoy sola. Todavía soy chiquita, no soy una persona de veintipico que ya maduró completamente y puede controlar esas cosas. Soy consciente de eso, soy realista.

 

-¿Te pasa, por ejemplo, en las redes sociales esto de tener que cuidar lo que decís o publicás?

-Claro. Trato de no escribir malas palabras, de no quejarme de cosas. Si tuiteo algo que está mal, a los dos minutos caigo y lo borro. Es como que también eso te limita. Sobre todo en las redes sociales.

En la actualidad, muchas personas ansían dejar el anonimato y cobrar popularidad en las redes, algo muy bien reflejado en varios pasajes de la bien criticada serie británica “Black Mirror”. Tal como diferentes capítulos muestran, Delfina, desde su lugar, pone de manifiesto que no todo es perfecto en ese campo. ¿Cuánto más le gustaría, al menos en ese aspecto, seguir siendo una NN para la mayoría de los demás usuarios?

Pero no sólo en el mundo virtual hay que resignar -o aceptar- situaciones: no son pocos los esfuerzos que deben hacerse en pos de convertirse -o de seguir siendo- una atleta de elite. Y Pignatiello lo tiene claro. Es una de esas chicas que vive una vida reservada a un pequeñísimo porcentaje de la población que está en su rango etario. Aunque le gustaría que algunas cosas fuesen distintas, no reniega de ello.

-¿Cuáles han sido tus mayores sacrificios como adolescente que busca construir una carrera profesional?

-Especialmente el año pasado, cuando dejé de ir a fiestas o salidas con amigas. Igual no me arrepiento. También me gustaría meterme en una carrera y estudiarla en profundidad, pero es algo que en este momento no puedo hacer, así que esperaré a terminar mi trayectoria deportiva como para dedicarme de lleno a la universitaria.

-¿Seguís estudiando Ciencias de la Comunicación?

-No, la dejé, ahora estoy en Diseño. Estaba haciendo materias del ciclo de fundamentos, que son para todas las carreras por igual, y no me estaban gustando mucho. Me gustó más Diseño, que tiene materias diferentes.

-O sea que quedó atrás aquella idea que tenías antes de la comunicación y tal vez del periodismo…

-Sí, ahora sí. No me terminó de convencer. Me gusta muchísimo dibujar, el diseño gráfico. En mis tiempos libres dibujo mucho. Me ayuda a relajarme. Así que veré qué onda.

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-Justo hablaste de relajación. ¿Estás viendo a un psicólogo deportivo?

-Toda esta temporada no fui y creo que estuve muy mal porque debería empezar de vuelta. Así que esta semana ya tengo sesión con el psicólogo de nuevo. Es alguien que te puede ayudar a controlar muchas cosas. La parte mental es re importante.

-¿Comenzar con un psicólogo había sido una elección tuya, de tu familia o recomendación de tu entrenador?

-Era un conocido de un tío. Fui una vez y me sentí re cómoda, a diferencia de otro al que había ido antes y no me había gustado. Pero con esta persona me llevo muy bien y me ayuda a concentrarme antes de las competencias. Está bueno.

-Al final, independientemente de los resultados, ¿vale la pena todo el esfuerzo?

-¡Sí! Vengo de un torneo en que no me fue muy bien, pero en aquellos en los que se ven los resultados del esfuerzo sentís una satisfacción que por ahí no te das cuenta porque estás súper feliz. Pero a los dos meses caés en la marca que hiciste y decís: “¡Guau! Vamos a seguir entrenando para seguir progresando y lograr algo mejor”.

La familia y su entrenador, antes que una beca en Estados Unidos

Más allá de lo que significa el día a día cuando no está en la pileta y de lo mucho que cambió su vida en menos de un año, Delfina Pignatiello no pierde de vista sus objetivos y tiene muy claros los pasos que da.

No participó del último Mundial de mayores, en Budapest, pese a que tenía registros como para hacerlo, porque su entrenador y ella querían seguir enfocados en lo que tenían planeado y no quemar etapas.

Lo que viene son los Juegos Olímpicos de la Juventud. Podría haberse preparado en Estados Unidos. ¿Cuántos lugares como la mayor potencia deportiva del mundo ofrecerían mejores condiciones? Pero dijo que no. Su explicación es clara y da pie para el intercambio sobre su actualidad.

-¿Por qué elegiste rechazar las facilidades de un país como Estados Unidos, cuando te quisieron becar, y quedarte acá?

-Porque acá tengo a mi familia, a mis amigos y a mi entrenador. Lo único que me ofrecían en Estados Unidos era la posibilidad de estudiar mientras me entrenaba. No había buenos programas de natación para fondistas. Los entrenadores que me conocen desde siempre me dijeron que no me fuera, que me iba a hacer muy bien seguir acá con mi entrenador y bueno, también estoy estudiando, así que…

-¿No hubieras dado un salto de calidad en términos de preparación, entonces? Sorprende eso.

-No, realmente no. En este caso dependía de qué tipo de carreras nadás y creo que no había buenos programas para fondistas.

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-Ya en la pileta, ¿en qué momento dejás de ver a algunas de tus rivales mayores como nadadoras que admirabas para pensar en vencerlas?

-Cuando tu ídolo se convierte en tu rival, te das cuenta de que estás en el camino correcto. Cuando compito con ellas también aprendo y obviamente me dan ganas de ganarles. A veces asusta verlas o en algún torneo caés en la realidad de que no les vas a poder ganar, pero igual hacés lo posible para estar lo más cerca de ellas. Y pensás que en la siguiente competencia vas a querer acercarte todavía más y terminar ganándoles. Uno se pone objetivos sin perder la noción de la realidad.

-Este año no tuviste marcas en 1.500 metros. ¿Es porque en los Juegos de la Juventud nadarás sólo en 400 y en 800?

-Sí, porque hasta el Sudamericano de mayores, que es en noviembre, no tendré carreras en 1.500.

-Esa distancia te demanda bastante tiempo en el agua. ¿En qué pensás cuando tenés una carrera que te puede llevar 15 minutos nadando?

-Normalmente pienso en canciones o en los pases que tengo que hacer. Y a veces mirás a las rivales, especialmente cuando estás muy mano a mano.

-¿En qué momento la natación dejó de ser un juego o un hobbie y pasó a ser tu propia obligación?

-Creo que a partir de mi primer Mundial en pileta corta, cuando terminé sexta. Ahí fue como que dijimos: “Bueno, podemos tener un camino en la natación internacional”.

-¿Qué objetivos te ponés?

-Para este año, quiero figurar en un podio o al menos mejorar mi marca en los Juegos de la Juventud. Y en un futuro, Tokio 2020. Sueño con una final o una medalla olímpicas.

-Cuando pensás en los Juegos Olímpicos, ¿te imaginás de alguna forma?

-Sí, me imagino nadando en una final. No sé con qué resultado, pero nadando una final.

-¿Ganándole a alguien en particular?

-No, eso ya no te lo puedo responder (risas).

Fuente: Entrevista realizada por Mauricio Codocea, publicada en Clarín el 08/07/2018. Link: https://www.clarin.com/deportes/polideportivo/cambio-vida-adolescente-bicampeona-mundial_0_rydF0MQ-7.html

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